Ruta del Aguardiente

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Ruta del Aguardiente

Mensaje  josemaria el Mar Jun 18, 2013 11:45 pm

Ya era hora, por fin tenemos las fotos de Manolo.

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josemaria
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Re: Ruta del Aguardiente

Mensaje  josemaria el Mar Jun 18, 2013 11:48 pm

Fernando escribió:
Bueno, a ver qué digo de lo de ayer para que no se interprete como un afán de querer poner los dientes largos a los que no pudieron, no quisieron y/o no los  dejaron venir.
La ruta ha sido la mejor, y con diferencia, de las muchas que he hecho en esa zona (bendita zona). El campo es ahora una eclosión de olores y de colores. La ribera está más viva que nunca, la dehesa es un inmenso tapiz verde  y hasta la temperatura de ayer (menos mal que no hemos ido hoy)  fue la idónea, porque incluso  el sol se asomó durante  gran parte del día. Por poner un botón de muestra, en la olla del Cerro del Hierro había, Angelmari las descubrió, unas orquídeas silvestres,  que, con el fondo kárstico, lucían más y mejor.
Ha sido una ruta en la que ha habido de todo, como en la Viña del Señor. Me explico.
Lo más insólito de la ruta fue que, desde que   empezamos a subir a Cazalla, el piñón de Javi se corrió. Pero fue un, como díría yo, un “corrido interruptus”, o sea, que de vez  en cuando enganchaba uno de los trinquetes y le permitía dar unas pedaladas. Al poco, otra vez... ¡cagondiez!. Tuvo un enorme mérito que siguiera en esas condiciones. Por tanto, yo diría que lo que hizo Javi subiendo a Cazalla sí que  fue una remontada épica, y no la que promete hacer el “Madrí” el miércoles (ni que fueran a encerrar a los alemanes en el vestuario).  
La subida a Cazalla, entre el pinón venido a menos de Javier, los apupíos de Manolo cuando llegaba al límite de sus fuerzas (¡¡¡aaah!!!) y los sudores de Ángelmari con ropa de invierno por arriba, fue todo un poema.  Y es que un poquito había que sufrir para que la ruta fuera completa. "Sin sufrimiento no hay  gloria", que decía el masoquista aquel.  
Pero si mala fue la subida, peor la bajada por Las Laderas. Los que hasta hace poco eran un par de tramos no ciclables,  ahora se han convertido en un par de ellos ciclables. Las últimas lluvias han hecho estragos.  Ni las cabras vimos coger por allí. Me gustaría ver bajar por allí en bici a un saltinbanqui de Chiclana. Eso sí, muy bonito todo… menos los tropezones con las bicis a  acuestas.
Como anécdota, decir que echamos en falta a Juan lozano y su caja de herramientas del tío Nicolás cuando, en plena Vía Verde,  a Ángelmari se le abrió la raja, la raja de la cubierta,  y el líquido no la tapaba. Cuando más falta hace, ya se sabe. Ante la imposibilidad de desmontar la válvula echamos en falta unos alicates como dios manda. Me adelanté hasta S. Nicolás del Puerto y allí un generoso lugareño me prestó unos, que, en principio creyó que eran para mi, y  que nos sirvió y luego devolvimos con mucho agradecimiento. No era para menos.
Más adelante volveríamos  a acordarnos del "amante del oloroso amontillado" cuando nos vimos obligados a saltar un par de cancelas. Esos alicatitos son más imprescindibles en estas rutas que las barritas energéticas. Ponle precio, Juan.  
La otra anécdota, venga también la contaré, fue que  hice atravesar al grupo la Ribera por el vado del Batán de las Monjas en dos ocasiones (ida y vuelta). Esta vez llevaba más agua y  en la segunda caí de bruces. Pude comprobar cuanto de fría está el agua del Huéznar. Pero lo curioso es que  cerca se encontraba una familia entregada a lo que  supusimos que  se trataba de un rito funerario. Y alguno  de los fúnebres participantes  no pudo reprimir una risita ante  mi desgraciada caída. A la gente. está visto, le divierte la mala suerte ajena. Pero el golpe mejor, como no, lo tuvo Manolo: “menos mal que no te tragaste las cenizas, Fernando”.  ¡¡¡Argggg!!!.
De vuelta, una veredita en medio de tanta vegetación me trajo a la memoria aquella serie, santo y seña de las ñoñerías televisas de otros tiempos,  de la “Casa de la Pradera”.  
Cuando pasamos junto a un cortijo, un grupo de asustadizos cochinos puso a prueba la habilidad fotográfica de Manolo, que parecía no haber  visto nunca ninguno, excepto los que entran y salen del Congreso. Y eso que antes pudo practicar con un confiado zorro que tuvo la gentileza de salir a recibirnos a la llegada al poblado minero.
En la parte final de la ruta saboreamos la guinda del pastel: la travesía de los castañales. Esta vez no había castañas, ni falta que hacían, porque el verdor de las ramas era de por sí un espectáculo insuperable. Además, los caminos estaban recién arregladitos. Nuestra visita no merecía menos.
Una vez llegamos a la Ermita, estiramos, descansamos y sacamos los bocatas, excepto Manolo, que decía  no saber  nada de los planes del picnic. Para mi que  lo hizo a propósito para así poder trincar de todo de lo de los demás, jaja.
Pudimos comprobar que a Ángelmari se le da mucho mejor cocinar filetitos con ajitos que arreglar un pinchazo. Y que gracias a dios Javi siempre va provisto de unos dátiles maravillosos, que le ayudaron a completar la ruta con el dichoso piñón guarnío, por lo que su esfuerzo fue el doble que el del resto. ¡Enhorabuena!, Javier M.
Creo que esta vez hemos acertado en elegir el mejor día del mejor año y que ambos ingredientes, junto con la mejor ruta, hacen posible haber disfrutado de un buen día de bici, de campo y de camaradería.  Por lo tanto, hay que repetirla  en otoño.

Saludos.
Fernando.
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